Piedra de toque

Este texto ha vivido de gratis mucho tiempo en mi cabeza, tengo que admitirlo. Así que es hora de traerlo a la realidad.

Durante todo el año le he estado dando vueltas a si debería dejar de vivir online como una cabeza sin cuerpo, para materializarme obligatoriamente en estos otros lugares que un formato híbrido implica traer. Si bien esto ya no me come la cabeza (porque he encontrado un punto medio y desde ahí es que bajo la reflexión), es algo que sí quería poner en palabras. Y aquí va:

Hay algo muy curioso en encontrarse “en remoto”. Y digo, a nivel laboral (llevo casi cinco años trabajando 100% online), a nivel aprendizaje (llevo ya un año de maestría y no he visto aún a mis compañeros/docentes); a nivel de vínculos (muchas de las personas a las que amo y cuya amistad cuido, están lejos también). No había pensado que podía una fortaleza hasta que en una conversación con una mentora, ella lo mencionó como algo relevante. Como si trabajar / aprender / conectar en remoto era algo que demandaba esfuerzo, que había que saberse hacer. Un punto de partida grácil. Cuando, a veces para mí, después de haber visto en mi entorno funas, layoffs, creación de contenido, mi relación con internet es algo que a veces me desborda.

Y me parece divertido, porque sencillamente amo internet. De cierta forma, soy una hija de la red. Veía hace poco una publicación en **Mozilla** que decía algo así como “la promesa original de internet era la libertad, y muchos creadorxs, activistas y creativxs se sumaron a ello”. Cuando vi ese post sentí mucha nostalgia. Internet para mí fue (es) mi dealer de libros, cuando no podía comprármelos. Conversaciones profundas donde descubría a un otrx y en el proceso a mí misma, a las 3,50 a. m. Conexión intensa, stalkeando a referentes, conectando con personas-haciendo-cosas, conversando sobre esos temas en común que nos interesaban. Tecnofeminismo. Acceso abierto a la información. Creative commons. Grupos virtuales. Internet me hizo ser lo que soy, una introvertida bien entrenada. Pros y contras de vivir en ciudades pequeñas.

Con el paso del tiempo, pandemia y trabajo remoto de por medio, las redes sociales como medio de comunicación principal, el “contenido” siendo a la vez canal y discurso; la búsqueda constante de ganarle al algoritmo de redes que cada vez más se mueven hacia el video, que exploran nuevos lenguajes, que rompen el límite entre lo privado y lo masivo, la situación se ha vuelto un poco confusa. Y no me malinterprete señora, este no es este el discurso de una anciana (que también soy), quejándose frente al cambio generacional. Admiro profundamente la creatividad de quienes hacen videoensayo, de quienes identifican el trend, de quienes crean frente a toda circunstancia. (Ojo, que sí me quejo de Meta y sus ganas de no parar de copiar producir nuevos formatos que obligan a adaptar todo).

Lo que quiero decir es… Siento que la ciudad virtual que es internet-redes sociales, ha cambiado profundamente en estos años y eso me configura a mí también, como persona crónicamente on-line. Extraño leer blogs. Extraño ir (voluntariamente) a leer qué escribió alguien a quien admiro, sin que me lo tenga que poner delante de la nariz, para que más contenido no se lo coma. Extraño piratear y que lo descargado me pertenezca, no tener que decidir, con una sensación de casi desamparo, sobre si largarme de la app que uso para escuchar música (porque apoya la guerra) o quedarme, porque en esa app tengo muchos recuerdos (y playlists compartidas).

Es imposible creer que las interacciones digitales no moldean la vida tangible, porque sí lo hacen (no tengo datos referenciales para esto, pero me prometo encontrarlos). Para mí, que he estudiado, flirteado, hecho ejercicio, buscado trabajo, creado ideas, hecho sexting, tomado terapia, llevado una diplomatura, etc, permanentemente online, lo que sucede entre la pantalla y yo (una habitación propia - compartida), en mi caso particular, se parece a ser una cabeza sin cuerpo. A tener un miembro fantasma, que nunca me amputaron, sé que está ahí, pero debo abrir el espacio para que se tangibilice.

Mi cuerpo come. Se levanta. Limpia su casa. Saca a pasear al perro. Mi cabeza, en paralelo, no sabe vivir sin sonido de fondo, abre Teams, tiene reuniones, descubre las 500 cosas que aún no sabe hacer y cómo la IA la dejará sin trabajo (porque además, parte de mi día a día es crear información en LinkedIn), se nostalgia del talento de otrxs para comunicar y de paso se rompe la capacidad de enfocarse en 15 intensos minutos navegando en video de formato corto (¿Aló Instagram? Los límites de tiempo de uso no me están ayudando mucho). El avión despega y avanza. Mi cuerpo está en la silla y siente el cansancio del movimiento que no realizó. ¿Cómo le explico que mi cabeza va a la velocidad que mi conexión permite, y por eso estamos tan cansados?

Ahora, esa es la línea como persona que recibe. Pero una es terca. ¿Por qué ser una persona que recibe, si me gusta tanto estar en la línea de la persona que da? Esa es otra complejidad: crear. ¿Cómo me presento cuando soy un bicho en construcción? ¿Cómo separo lo laboral de lo personal? ¿Cómo asumo el costo mental de hacer hábitos de escritura-publicación, para redes sociales?¿Tiene todo que partir de una estrategia? (Audiencia nicho, pilares de contenido, hook atractivo, call to action). ¿Cómo expongo mi sensibilidad online? ¿Quiero realmente esto? Las pérdidas online se sienten tan pérdidas como afrontadas a la cara y he hablado de esto largo y tendido en terapia. Entonces ¿Cómo dejo de ser consciente que todo lo que haga en internet va a dejar una huella? ¿Qué tengo para decir si otrxs lo están diciendo todo? Más importante. ¿Qué tengo para decir, si en paralelo se está transmitiendo el dolor, la inestabilidad política, la crisis ambiental, el genocidio y el descorazonamiento?

Pero ¿Qué pasa si no lo hago? ¿Qué pasa si dejo de entrenar el músculo laboral/personal de socializar on line? ¿Qué pasa si dejo de escuchar mi voz porque la uso poco? ¿Qué pasa si no acostumbro a mi cerebro a dejar el lugar consumidor, para desarrollar nuevas habilidades en torno a la capacidad de reflexión? ¿Qué pasa si no le meto ganas a abrir espacio para los temas que me parecen importantes para el presente & el futuro? ¿Qué pasa si al no conectar, muy Elisa de Hamilton, termino borrándome de la narrativa?. Pero también, una es perfeccionista. ¿Cómo decir algo, sin decirlo de forma correcta, de forma estéticamente atractiva, de forma relevante para el algoritmo?

Tantas preguntas en mi mente, busco respuestas en la gente, diría la Isi.

La única solución que encontré a esta debacle de FOMO & nostalgia fue animarme a escribir largo. Y tras ello, armarme un pequeño manifiesto para vivir online. Ahora pensaré intensamente en cómo hacer esta declaración de presente, porque si bien lo he deseado mucho, aún no le he dado forma.

Aquí va.

  1. Sobrepienso mi relación con lo online, pero es un vínculo que quiero conservar. Mi relación con internet ha mediado muchas realidades en mi vida. Curioseo, conecto, admiro y aprendo. Quiero intencionalmente, conservar esta instancia y fortalecer el músculo creativo. Quiero no tener aprehensión. Quiero crear (ejercitar la creatividad multiformato y la confianza). Quiero no estar atenazada por el contexto (global, político, ambiental) que es incierto y no parece ir para mejor. ¿Eso de que la acción te encuentre haciendo? Eso mismo.

  2. Voy a priorizar el presente. Este ejercicio de delimitar mis interacciones me ha hecho aún ser más consciente de la importancia de las conversaciones directas y de la realidad tangible, a la que voy a acercarme directamente. Voy a viajar, voy a preguntar, voy a oler, sin intención necesariamente de hablarle de ello a una cámara. No voy a lograr ganar el juego del algoritmo en tiempo real. Quiero que el collage de los recuerdos que me componen siga siendo un lugar al que volver.

  3. Identidad digital ~ Realidad real. Importante decir: todo lo que pasa online, probablemente mi cerebro lo entienda como una realidad; pero la realidad no está online (especialmente no en rrss, que terminan siendo cajas de resonancia). De todas formas, mis acciones online están bajo mi responsabilidad personal. La conectividad no me crea un perfil paralelo y me conozco lo suficiente para ponerle límites a mi interacción virtual (esto me salvará de tener una relación romántica con una IA generativa, pero también me dará un kit de herramientas de autocuidado online que me parece relevante)

  4. Aquí vamos por ese puente. No quiero desaparecer. Los temas con los que quiero conectar se expanden por muchos lugares y las personas también. Hay temas a los que es más fácil acercarse, hay compromisos que es más fácil monitorear, cuando vives en voz alta. Si más allá del cringe está esa referencia, pues toca hacer la tarea. Y mucho más, teniendo como referentes a todas esas mujeres que están dedicando su inteligencia y paciencia a entregarse a su disciplina, delimitar su mensaje y conectar. 🌱

  5. Otros mundo posibles. Pd. Pero, si no es obvio, este perfil está muy interesado en la participación ciudadana, y es muy consciente de la crisis ambiental, humanitaria global 🍉 y democrática específicamente en Perú. Puede que no tenga mucha capacidad de modificar el gran presente, que se siente en crisis, pero el que no hable de eso todo el tiempo (y esto me lo digo a mí misma), no significa desinterés. Quiero ver el post capitalismo. Y quiero que sea bello.

¿Soluciona esto el ruido mental? No. Pero lo organiza y le da un punto de partida.

¿Pienso subir esto a instagram? Pues parece que sí. Así que después de tres horas para atrapar y poner aquí las palabras que me hacen sentido, tocará ir a preguntarle a ChatGPT sobre el formato adecuado. No quiero, no logro, ser escritora y editora de un texto que (curiosamente), no sé si alguien va a leer.

¿A pesar de todo, fue bueno para mí? Fue bueno para mí.

Y como los viejos, terminamos en lo evidente, la moraleja, la frase hecha: se trata de cómo te cambió el viaje y no de llegar al punto en sí mismo.

Si te quedaste, gracias por llegar hasta aquí.

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